La leyenda de Can Cocollona

Dice la leyenda que en la ribera izquierda del río Onyar, en el barrio del Mercadal, había un convento de monjas poco devotas que llevaban una vida desordenada. Entre ellas había una novicia con verdadera vocación religiosa que les retraía la vida que llevaban.

Las otras monjas, para no sentir sus reproches, la encerraron en una celda

en el sótano del convento. Estuvo encerrada durante muchos años y debido a la oscuridad y la humedad le fueron saliendo unas escamas hasta quedar convertida en un cocodrilo. Pero debido a su santidad y pureza de su alma también le salieron en la espalda, unas maravillosas alas de mariposa de bonitos colores, transformándose en Cocollona (Cocodrilo + Mariposa).

Cuando murió, su fantasma se veía nadando por el río Onyar muy cerca de donde había sido encarcelada. Dicen que solo las noches de luna llena, hacia el alba, aquellas almas sensibles, pueden ver el fantasma de la Cocollona nadando por el río hasta que sale el primer rayo de luz.

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Escogimos esta leyenda para dar nombre a nuestra casa por qué simboliza tradición, territorio, cultura oral, valores con los cuales nos identificamos y queremos transmitir. Difundir la cultura más callejera, la que se pasa de manera oral, la que casi ya se esta perdiendo. Muchas veces el visitante que viene a conocer Girona se va sin ni si quiera saber leyendas tan típicas de aquí como la Cocollona, el Tarlà, el Xuxo, el Banyeta… y nos encanta cómo la palabra “Can” en catalán  quiere decir casa de alguien de manera muy acogedora, así pues la combinación de estas dos palabras nos pareció la idónea para transmitir nuestros valores.