Nos contó un huésped mientras cenábamos en Can Cocollona
El comedor de Can Cocollona es un espacio donde las historias cobran vida. Es el lugar donde viajeros de todo el mundo se sientan a compartir sus experiencias, y donde nosotros, como anfitriones, tenemos la oportunidad de aprender y crecer a través de sus relatos. Uno de estos viajeros fue Themba, un sudafricano que nos dejó una huella imborrable con su historia de autodescubrimiento y compromiso con el medio ambiente.
El Viajero de Durban
Themba, originario de Durban, Sudáfrica, llegó a Can Cocollona con una energía particular que era difícil de ignorar. Con su piel oscura, largas rastas, y una mirada intensa, no solo llamaba la atención por su apariencia, sino también por la formaba en que se expresaba. A los 40 años, Themba se encontraba en un momento de su vida en el que necesitaba respuestas. «Llegas a cierta edad y te preguntas muchas cosas,» nos contó mientras disfrutábamos de un café en el comedor. «No sabía cómo manejarlo, hasta que un día se me iluminó el bombillo: tenía que coger mis maletas y recorrer varios destinos desde mi país para encontrarme a mí mismo», dijo.
En su búsqueda de autoconocimiento, Themba decidió que su viaje no solo sería un camino hacia su interior, sino también un recorrido respetuoso con el planeta. Proveniente de Sudáfrica, un país que ha enfrentado graves problemas de sequía, Themba sintió la necesidad de hacer algo diferente. «Voy a caminar, a coger transporte público, a usar ferris… todo lo que pueda para evitar tomar un avión, hasta que me vea 100% obligado a hacerlo. Quiero contribuir a reducir mi huella de carbono y hacer mi parte por el planeta,» nos dijo con una determinación que dejó a todos en la mesa impresionados.
En Can Cocollona, estamos acostumbrados a recibir viajeros conscientes, pero la historia de Themba resonó profundamente en nosotros. Su compromiso con el turismo responsable y su deseo de reducir el impacto ambiental de su viaje eran inspiradores. Nos recordó la importancia de la filosofía de #SlowTravel, una manera de viajar que no solo permite descubrir el mundo de manera más auténtica, sino que también respeta el entorno y las comunidades locales.
El comedor de Can Cocollona
Nuestro pequeño comedor vintage ha sido entonces un espacio para reflexionar sobre nuestras propias vidas a través de las historias de los demás. No es raro que un relato inspire a otro, como ocurrió con Emilia, una mujer brasileña de 55 años que también se encontraba en un viaje de autodescubrimiento. Emilia dejó atrás su vida en Brasil, vendió todas sus posesiones materiales y decidió mudarse a Tailandia para hacer un voluntariado. «Quiero evitar el avión tanto como sea posible, pero también tengo que escuchar a mi cuerpo. Estos días de actividad me han hecho darme cuenta de que moverse puede ser agotador, especialmente a mi edad,» nos dijo Emilia, compartiendo su propia versión de lo que significa viajar de forma responsable.
Nuestro refugio acoge a todos los viajeros
Las historias de viajeros como Themba y Emilia son las que nos inspiran cada día a seguir promoviendo un turismo sostenible en Girona. Can Cocollona no es solo un lugar donde descansar, es un espacio donde se cultiva una conciencia ecológica y donde se alienta a cada huésped a considerar el impacto de sus decisiones de viaje. Creemos que cada viaje es una oportunidad para hacer una diferencia positiva en el mundo, y estamos comprometidos a ser parte de esa transformación.
La próxima vez que pienses en emprender un viaje, recuerda a Themba y a Emilia. Piensa en cómo puedes viajar de manera más consciente y respetuosa con el entorno. Girona, con su rica historia y belleza natural, es el lugar perfecto para una experiencia de viaje sostenible y significativa. Y en Can Cocollona, siempre estaremos aquí para recibirte y acompañarte en tu propia aventura responsable.
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