Un grupo de huéspedes nos contaron su aventura por la que dicen es la playa más bella de la Costa Brava
Era viernes por la mañana de un día normal cuando Cataleya, una joven de Brasil, bajaba de la habitación en Can Cocollona a desayunar. Mientras servía su desayuno se dio cuenta que varios huéspedes estaban conversando sobre una playa muy especial. Decidió sentarse en la mesa y sin darse cuenta, unos minutos después ya estaba envuelta en la conversación. Cataleya conoció a Jey y Dani, de su misma edad, quienes al igual que ella estaban conociendo Girona y sus alrededores.
En la conversación Cataleya se dio cuenta que la Playa de Calella de Palafrugell parecía ser un buen destino, pues Dani y Jey no paraban de hablar de lo bonita que era y también lo cerca que estaba de Girona. Luego de conversar por un buen rato, los tres, inspirados por el destino decidieron improvisar un poco y alistarse para ir a la playa. Lo primero que hicieron fue buscar los horarios del bus, y luego, alistaron maletas, agua, comida y juntos fueron caminando desde Can Cocollona a la estación.
Lo bueno del transporte es que varias compañías ofrecían rutas directas a Calella de Palafrugell. En el bus, pagaron 5 euros cada uno y tardaron alrededor de una 1 hora y 30 minutos. Al llegar, caminaron hasta la playa y descubrieron que habían varias Calas para relajarse, como la Cala de Port Bo, del Golfet, de Sant Roc, cada una de ellas con aguas cristalinas y un entorno natural aislado e íntimo. Las personas lucían tranquilas y aunque el turismo en esta zona y en especial, en verano, tiende a estar lleno de gente, Cataleya estaba impresionada por la buena organización de esta playa.
Calella de Palafrugell tenía aguas cristalinas, arena clara, vegetación, espacios costeros muy bien organizados y lucía muy limpia. En la playa se veía gente de todo tipo, grupos de amigos jugando voleibol, parejas leyendo libros, padres compartiendo con sus hijos, locales disfrutando de la brisa desde sus casas y mucho más.
A medida que bajaba el sol, Dani les recomendó un restaurante donde había comido con amigos veces pasadas, se trataba de El Fiego, un sitio con platos mediterráneos y mariscos frescos, claro que también recomendó NUI con cocina catalana tradicional y La Blava con gastronomía más moderna. Cataleya se dio cuenta que la oferta gastronómica de la zona local era diferente a lo que ella esperaba y quedó fascinada con el sabor, aunque no mucho por los precios.
Luego de un día lleno de sol, nuevos amigos, drinks y buena comida, los tres viajeros caminaron por el pueblo fascinados por los emprendimientos y artesanías. Sin duda, la tarde en playa de Palafrugell fue una de las mejores experiencias de Caleya desde que llegó a Girona y esa misma noche, luego de volver a eso de las 8 al hostel, no paró de mostrar fotos y comentar lo feliz que estaba.
La historia de está huésped nos llamó la atención porque justo en ese momento, luego de hablar tanto de Palafrugell entendió que ese era el lugar donde quería pasar el resto de su vida. Caleya regresó a su país, Brasil, donde también hay playas hermosas, no obstante, su conexión con Palafrugell hizo que vendiera todas sus pertenencias en su país y trasladará toda su vida a España. Sin importar el invierno o el duro verano, Caleya consiguió empleo en un restaurante cerca a la playa y hoy en día hace parte del team de administración de una reconocida compañía. No podemos estar más felices de conocer su historia y haber sido parte de ella.
Desde Can Cocollona, te invitamos a sumergirte en tu destino y conectar verdaderamente con él. Tómate el tiempo para disfrutar de las playas y sus alrededores, y recuerda que viajar con responsabilidad enriquece la experiencia para todos.
¡Esperamos que tu visita sea memorable! Comparte tus experiencias con nosotros en los comentarios y síguenos en nuestras redes.
¡Un gran abrazo de la familia Can Coco!
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